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Un AÑO DE LA FE con San Francisco
«Francisco nunca fue oyente sordo del Evangelio
sino que, conservando en su memoria cuanto oía, procuraba ponerlo en
práctica sin tardanza. A todos anunciaba la conversión con gran fervor
de espíritu y gozo de su alma, edificando a los oyentes con palabras
sencillas y corazón generoso. Su palabra era como un gran fuego,
penetrante hasta lo más hondo del alma, y suscitaba el asombro en todos»
(Tomás de Celano 22-23).
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